
Hace un tiempo empecé a leer " La bruja debe
morir" del profesor de Psicología Sheldon Cashdan, lo hice cuando mi hijo mayor ya había llegado a la adolescencia. Por lo visto ya era tarde para arreglar el estropicio que había causado en el
chaval a juzgar por lo que en el libro se afirmaba.
Encontré interesante el
análisis que se hacía sobre la evolución de los cuentos de siempre y de cómo han ido adaptándose a
la psicología de cada época. Sheldon sostiene que los sucesos de los cuentos nos enseñan a reflexionar sobre las complejidades morales de la
vida y que el ser humano se ha ido enfrentando a través de esos relatos a las debilidades humanas: la gula, la lujuria, la ambición o la envidida (de la que Cenicienta parece ser el máximo exponente). Como en un principio los cuentos
se concibieron para ser consumidos por adultos, las versiones primitivas
eran mucho más crudas y así los finales de los personajes que representan el mal, ya fueran una bruja o la reina- suegra, eran terribles y escabrosos. También
descubrí que los personajes tradicionalmente buenos no lo habían sido tanto en versiones
anteriores; me sorprendió leer que Caperucita le hacía un striptease al lobo (el cuento acababa como ya os podréis imaginar) y me quedé
totalmente hecha polvo al enterarme de que mi príncipe favorito, el de la Bella
durmiente, violaba a la princesa
mientras estaba dormida. Después de eso, cuando un día José Manuel me dijo que iba a
ponerles a los alumnos un reportaje en el que se demostraba que el amor era
producto de unas frías reacciones químicas, le dije que no tenía corazón, que esas
cosas no se les cuentan a los jóvenes.
En lo que se refiere a las historias ya destinadas a los niños, al parecer yo lo
había hecho rematadamente mal. Mis modificaciones de los cuentos para
dulcificárselos a mi hijo habian sido toda una metedura de pata. Según Sheldon, los niños proyectan su
lucha interior entre el bien y el mal en las batallas que libran los personajes
de los cuentos, o sea que cuando la bruja se muere rabiando, el niño mata
los miedos que pudiera albergar.
Mi cuento de los tres cerditos era el paradigma de lo inapropiado. En mi versión, el lobo feroz no lo era tanto, sino un pobrecillo con una madre despistada que siempre se olvidaba de prepararle la merienda y, además, el animalito no tenía ni hermanos ni primos con quienes jugar, de ahí su manía de perseguir a los cerditos, lo que quería era hacerse amigo de ellos. Al final tenía lugar una llamada telefónica del cerdito mayor a mi hijo: "Javi ¿dejamos entrar al lobo a merendar?" y Javi abría los ojos como platos y decía que sí. Cuando llegué al final del libro comprendí que no lo había hecho tan mal después de todo, ya que se sostenía que el atractivo de los cuentos consiste en hacer que nos identifiquemos con nuestro lado oscuro. No se si mi hijo tenía un lado oscuro, pero el brillante se quedaba muy satifecho imaginando al lobo tomándose un bocadillo de Nocilla con los cerditos mientras los cuatro jugaban al parchis; nada que ver con la imagen atenazante que yo recordaba de mi infancia de un lobo huyendo con el trasero pelado por el fuego y la mandibula desencajada de dolor.
Esta semana lei en El Correo gallego un titular inquietante referido a un cuento, se informaba sobre un musical para niños y se decía literalmente "En el musical intentamos transmitir los valores de Pinocho".
A mi Pinocho no me gusta, siempre me ha parecido un plasta, y nunca le he contado el cuento a ningún niño por considerarlo tedioso, tenebroso y retorcido pero, filias y fobias aparte, aunque por lo visto el final de la historia tenga una moraleja de honestidad, el muñeco de la nariz creciente, no me negaréis que siempre lo hemos asociado a la mentira, de ahi mi inquietud al leer el titular. Incluso se me ocurrió que en estos tiempos de deconstrucción, quienes manejan los hilos de estas marionetas en las que quieren convertirnos tal vez quieran tornar la mentira en algo positivo. En efecto, les vendría muy bien, así no solo nos presentarían como blanco lo que es negro sino que por añadidura habríamos de darlo por bueno una vez descubierto el engaño.
Mientras eso no sucede, unos cuantos toca narices seguiremos mostrando las mentiras de quienes nos gobiernan ya sea en Galicia o, por ejemplo, en Cataluña. El mismo día del titular sobre Pinocho recibí un informe muy revelador realizado por Convicencia Cívica Catalana. Os pongo el enlace, ¿Cuántas veces habéis oido hablar del milgaro de los milagros? Me refiero a esos niños que aprenden mucho un idioma estudiando otro, !En Cataluña el gobierno incluso da cifras! La asociación presidida por Francisco Caja muestra las trampas que hace la Generalitat con las pruebas de ambos idiomas. Al ritmo que van, cualquier día en el examen de español de Selectividad les ponen un TBO como texto y como pregunta: ¿ cuantos pelos tiene Mortadelo en la cabeza?
Señor Monteagudo, me ha dicho un pajartio que de vez en cuando entra usted en este blog, no se si será cierto, pero si lo es, espero que este informe le sirva para no volver a escandalizarse como lo hizo en un debate conmigo cuando afirmé que en Cataluña estas pruebas no eran en absoluto fiables. Hala, que paséis todos una feliz semana, el señor Monteagudo también.
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