Tras unas horas tan tristes, tan sobrecogedoras, con las calles de Cataluña tomadas por gente fanatizada, con Guardias Civiles y Policías acosados, insultados y vejados por una turba histérica y llena de odio, con una teniente de alcalde haciendo apología del apartheid, presumiendo de que se expulsará de los hoteles y de las tiendas a los defensores de la ley, con todo eso y con la prensa internacional intoxicada, difundiendo mentiras y bulos sobre la actuación de nuestras fuerzas del orden, algunas pèrsonas han estado a la altura; el primero el Rey, que se ha ganado nuestra admiración con un discurso impecable.
Y Rosa Díez, que junto a María San Gil, Fernando Savater, Maite Pagaza, y Carlos Martínez Gorriarán han firmado una carta dirigida al Presidente de la Comisión Europea que os invito a leer aquí.
Ellos, y las personas que venciendo la estúpida estigmatización salen a la calle en toda España con los símbolos de su país, y los periodistas que no se venden, y los jóvenes que ayer apoyaban a la Policía ante la Jefatura Superior en Barcelona, y los que les ofrecieron sus casas, y los padres que se atreven a contar lo que les está sucediendo a ellos y a sus hijos en las escuelas, tomadas por ese cáncer que se llama nacionalismo, todos ellos, son una parte esencial del país que amo.
La mayoría de las valoraciones que se están haciendo del discurso del Rey apuntan a una inminente aplicación del artículo 155 de la Constitución Española. Tengo la impresión de que lo inminente son las destituciones y detenciones de los principales sediciosos. Veremos. Lo que sí sé es que saldremos de esta y que será para mejor. Son las ocho y media de la mañana del miércoles 4 de octubre. Salgo de casa más esperanzada que ayer. Gracias, buena gente.





















