Teniendo en cuenta cómo estaban ayer la redes sociales por aquí, tras la noticia sobre el descenso del número de hablantes de gallego, y después de ver el lugar tan destacado que le dedica hoy la prensa, me parece obligado decir algo al respecto. Los datos que publicó ayer el Instituto Gallego de Estadística muestran una realidad que parece que algunos no querían ver, y es que cada vez menos niños hablan gallego (un 37% menos en los últimos 10 años). Sólo uno de cada cuatro niños menores de 15 años es gallego hablante, más o menos el mismo porcentaje lo encontramos entre los mayores de 65 pero referido al español. El español es la lengua de la gran mayoría de los jóvenes y de la gran mayoría de personas que viven en núcleos grandes de población y en sus áreas de influencia.
En los comentarios a las noticas que adelantaban ayer las ediciones digitales, eran mayoría los que opinaban que la imposición de lengua sólo ha servido para llenarles los bolsillos a unos cuantos "pillos". Los pocos que proponían más imposición se decantaban por la erradicación del español de la enseñanza, o por propuestas tan chuscas como obligar a ver la tele de Portugal y prohibir las emisiones de tv y radio en español. Hoy tenemos al Secretario Xeral de Política Lingüística, Valentín García Gómez, intentando darles la vuelta a los datos en una entrevista en el Correo Gallego. Misión imposible. Hace un par de años, me preguntó si yo creía que el gallego iba a perdurar. Me entraron ganas de hacerle yo a él la lógica pregunta: ¿perdurar hasta cuándo? Le dije que si lo que quería saber era si las políticas de imposición iban a dar resultado, mi opinión era que no. Entonces vi como se le humedecían los ojos mientras me preguntaba si no creía yo que con mucho amor... Si os digo que sentí lástima, mentiría. A mí esas evasiones de la realidad me producen más bien una mezcla de conmiseración y perplejidad. No todas las personas que aplauden estas políticas lingüísticas horribles buscan sólo enriquecerse; hay algunos, como Valentín, que sienten esto de corazón, aunque, como le dije, cada uno es libre de tener las aficiones y las pasiones que crea conveniente, siempre y cuando no quiera obligarnos a los demás a que las compartamos y le sirvamos de rehenes para poder practicarlas. Es a este tipo de personas como Valentín a las que les pido que reflexionen sobre lo siguiente:
¿De verdad creían que obligando a niños castellano hablantes a estudiar tantas asignaturas en gallego, estos niños iban a cambiar de lengua fuera del colegio?
¿De verdad creían que con la actual Ley de Subvenciones de Galicia, que obliga a usar el gallego para optar a ayudas en plenas condiciones, cada vez más gente se animaría a usar el gallego cuando no fuera obligada?
¿De verdad creían que obligando a usar el gallego en el 99% de los concursos literarios, en la creación audiovisual, y en todo tipo de ámbitos de creación, la gente iba a pasarse al gallego como lengua habitual, a escribir en gallego en su vida diaria y a preferir leer en esta lengua?
¿De verdad creían que borrando el español de la vida oficial iban a lograr que la gente lo erradicara de sus vidas en su casa o con sus amigos?
Y así podríamos seguir un rato largo. Los sectores más fanatizados, por su parte, han seguido sus propias estrategias durante estos años.
1. Aglutinar sobre todo al sector más joven en sus locales sociales, una suerte de herrikotabernas regidas habitualmente por independentistas que proliferaron durante el bipartito y que van resistiendo como pueden, los envites de la crisis. En los locales sociales se organizan cursillos, cenas, rutas de senderismo, charlas, conciertos y celebraciones varias. En las localidades más pequeñas tienen bastante éxito entre los jóvenes, y la Xunta permite que los equipos de normalización de los insitutos, por ejemplo el de Xinzo de Limia, haya llevado allí a sus alumnos con el pretexto de celebrar actos a favor de la lengua gallega. En sus web usan su lengua de comunicación "oficial", el sucedáneo del portugués llamado reintegrata, ni el gallego de la Xunta, ni el natural, "el que sabe a pan", como decían ayer con acierto en un comentario en La Voz.
2. Actuar en la Universidad a través de organizaciones estudiantiles cuyos dirigentes pertenecen a un tiempo a partidos nacionalistas y a plataformas defensoras de la imposición de lengua.
3. Actuar en los institutos en los que se cuenta con un jefe de departamento de dinamizacion lingüística de la causa. En estos casos suele coincidir que el alumno que más coopera con ese departamento, es quien se presenta al puesto de representante de los alumnos, de ese modo actúa como enlace con los sindicatos nacionalistas y grupos radicales cuyo espacio de actuación es la enseñanza. En las manifestaciones estudiantiles suele haber un "apóstol" que los invita a unirse al grupo.
4. El deporte también es una vía para hacer apostolado. Aquí las peñas ultra canalizan la violencia y la ira del personal amparados en simbología nacionalista. El fútbol es un pretexto, de lo que se trata es de captar a los más "movidos" y adoctrinarlos a fondo. Tuve alumnos de la peña Celtarras, el chaval del que os hablé la semana pasada lo era. He tenido a un alumno en clase con la cabeza cosida tras una pelea con los Frente Atlético; los he visto en la grada de marcador en Balaídos y después en las algaradas callejeras de los independentistas. Hace un par de años me coincidieron seis Celtarras en un mismo grupo de 4º ESO; fue un curso complicado, me costó hacerme con ellos. Una compañera no llegó a conseguirlo, la tomaron con ella; he comprobado que suelen ser bastante machistas o, al menos, se ensañan con el que consideran más débil. Cuando el Celta anunció su intención de fichar a Salva Ballesta, los Celtarras lo boicotearon. Dijeron que era españolista, y el club cedió. Estos alumnos acudieron a clase luciendo unas pulseras con el lema "Salva Ballesta tiro na testa". Defienden la imposición de lengua, pero ninguno está dispuesto a seguir su propia doctrina. Ninguno de ellos hablaba gallego con sus compañeros o al salir de clase.
Quizás el dato más relevante de los aportados por el IGE es que los padres jóvenes prefieren que sus hijos sean castellano-hablantes ¿Es eso malo? ¿Me apena a mí la situación de la que se hace eco hoy la prensa? La pena que me puede producir esto como filóloga y como persona que disfruta hablando gallego, es mucho menor que la que me produce interferir en la mejor educación de un niño o la de restarles libertad a mis conciudadanos. Valentín decía hoy en El Correo que es importante que las familias se impliquen, que no llega con la escuela (no sé qué estará tramando). También decía que hay un dato en el estudio que habría que destacar, y es que un gran porcentaje de habitantes de Galicia, dice tener la sensación de que se habla más gallego que antes. Ay, Valentín ¿Es que no se da usted cuenta? Están creando una ficción a fuerza de sufragar su uso en público, están creando lo que sólo es una sensación a base de talonario y de vender un ritual, algo tan irreal como el idioma que venden, que ni siquiera es el que usa la gente. ¿Qué tal si cambian de estrategia? ¿Se lo permitiría el lobby?
Me preguntaban ayer cuál sería mi propuesta para conservar el gallego. No la tengo, pero sí tengo una propuesta para la política lingüística. No sé si con ella aumentaría el número de gallego hablantes, de lo que estoy segura es de que no iba a disminuir y de que el gallego tendría una mayor aceptación por parte del grueso de la población de Galicia.
1. Libertad de elección de lengua en la enseñanza 2. Subvenciones a las editoriales sólo para que los niños que quieren estudiar en gallego no tengan que pagar más por sus libros de texto o de lectura obligatoria, también para traducir al gallego obras de reconocida calidad o relevancia 3. Bilingüismo en todas las administraciones gallegas. 4. Incentivos a la creación cultural y subvenciones públicas abiertas al uso de ambas lenguas oficiales 4. Normativización de la lengua gallega intentando en lo posible respetar los usos populares. 5. Enseñanza de la asignatura de gallego a los alumnos que elijan estudiar en español, enfocada como segunda lengua, incidiendo en la adquisición de vocabulario y en la expresión oral y escrita. Prescindir de la Sociolingüística tanto si los alumnos estudian en español como si estudian en gallego. Disociar lengua gallega y nacionalismo.
En la imagen una foto antes de la entrevista con Valentín de la que os hablo hoy y que tuvo lugar hace un par de años.
Feliz puente, feliz semana y feliz mes de diciembre. Un abrazo a todos.