Hoy os escribo desde Madrid. Hemos venido con mi hijo pequeño y con mi sobrino Manuel a pasar un par de días. Por la mañana vamos a ir al Museo Arqueológico Nacional, y a última hora iremos a cenar a casa de nuestra amiga Ana mientras los críos se van con sus hijas al cine. Ayer los llevamos al Prado, que Alfonso pinta bastante bien y ya era hora de que les hiciera una visita a los grandes. Jose también nos guió por la exposición de la Fundación Telefónica sobre Tesla, un señor con una cabeza especial y gran visión de futuro. No estuvo mal, aunque a mí estas cosas de la Física me llaman sólo moderadamente la atención; no tengo la sensibilidad de Jose para extasiarme con esos inventos de chispas y motores giratorios. Cuando estábamos viendo el huevo de cobre que gira sobre sí mismo y se pone en pie como una peonza, me preguntaba por qué en vez de haberle dedicado su precioso tiempo al huevo mareado ese, el bueno de Tesla no habría inventado, por ejemplo, el desmayador de marisco; así ni yo, ni nadie, tendríamos que vivir la escena del día de Navidad de este año con los bogavantes que compré para hacer un arroz.
La chica de Carrefour me aseguró que tendrían una muerte dulce en la nevera dos o tres horas después de haberlos comprado la mañana de Nochebuena, pero nada. Cada vez que la abría, se movían y me me miraban con aquellos ojos de bolita de coral. Y allí estuvieron pasando frío toda la noche mientras yo descansaba calentita en la cama. Cuando al día siguiente llegó la hora del sacrificio, seguían vivísimos. Mi cuñado me dijo por teléfono no sé qué cuento chino de su sistema nervioso poco desarrollado, que no sufrían, etc. Y una porra. A las 12.30 llegó mi madre en mi auxilio. Aunque a ella también le daban bastante penita, debió de verme absolutamente incapaz de hacer de matarife, así que, ¡zas!, los fue decapitando..., pero se seguían moviendo. Desde el otro lado de la puerta de la cocina le dije que también había que quitarles las tenazas. Me dijo con voz de agobio que iba a esperar un poco, a ver si se morían, pero cuando ya decapitados, sin tenazas, y abiertos en canal los rocié con Brandy y los flambeé, sus colitas, ellas solas, bailoteaban en la cazuela. Un horror. Nunca más, nunca, nunca más cocinaré o comeré arroz de bogavante si antes un seguidor de Tesla o el mismísimo José Manuel no inventan un artilugio que deje KO a estos animalejos. Estoy convencida de que si los bogavantes, las nécoras o las centollas pudieran emitir sonidos, ni de broma seríamos capaces de hacer con ellos lo que hacemos. Sólo pido un artilugio sencillo, como aquellos encendedores para los hornillos de butano, con una chispa adaptada que les diera una pequeña descarga, por ejemplo.
Se lo pediré a los Reyes, a los míos, que son los de siempre, Magos, con glamour y que sólo se dedican a lo suyo, a hacer felices a los niños, no a intentar cambiarlos, como los de otros. Esta semana, un seguidor de GB nos envió esta deliciosa carta que el alcalde de Santiago, el popular Agustín Hernández, les ha remitido a los niños santiguases. Ahí, en primer término, tenéis al "xestor interestelar de los regalos de Navidad" que se llama Xián, nombre hiper común entre los niños gallegos, como todo el mundo sabe. El alcalde invita a los niños a participar en el concurso de cartas para pedir sus regalos. Hay premios. Como el alcalde es del PP, y no hay nada que más le guste a un cargo del PP que alcanzar la consideración de progre de manual, las cartas pueden dirigírselas a los Reyes magos, a Papa Nöel o incluso al Apalpador, ese guarrillo pederasta que fomentan los grupos radicales nacionalistas y que les palpa las barriguitas a los niños mientras duermen. Dicen que está documentado históricamente, pero en realidad se lo han sacado de la manga para destronar a los Reyes Magos, que son unos españolazos, unos fachas y unos pijos.
Para que la carta pueda entrar en el concurso y el peque tenga opción a recibir un premio de manos del señor alcalde, han de cumplirse tres condiciones, la primera de las cuales, como les recuerda Don Agustín y como vosotros ya imagináis es esta: "Así que, si quieres participar, sólo hay que cumplir tres condiciones, escribir la carta en gallego..." Así está Santiago, otrora emblema de la universalidad. Un día de estos le cambian el manto al apóstol por la bandera del bnje y le pintan la barba de blanco para que se parezca a Beiras. En cuanto a la universidad, como os decía el otro día, se encuentra bastante contaminada por el nacionalismo. Os copio unas fotos de la exposición que sobre la Unión de Pobo Galego ha realizado la Universidad de Santiago en el Palacio de Fonseca, también me las han enviado desde Santiago, esta vez una querida colaboradora de GB, incluyo sus comentarios. Y os dejo más datos sobre los incentivos para lograr que las publicaciones científicas se realicen en gallego y para azuzar a Antonio y a al anónimo que discutían sobre si era cierto o no que había un plus en el sueldo para los profesores que lo usan.
Felices reyes, amigos, que Melchor Gaspar y Baltasar os traigan a cada uno lo que merezcáis.
Un abrazo.
PD Vou a copiar aquí una viñeta de Salas muy simpática que acaba de publicar en twitter Blas de Lezo
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