Siento debilidad por los borreguitos. Son incontables las veces que he detenido el coche ante un prado al ver entre un rebaño a uno de esos chiquitines de patitas todavía tambaleantes y manto blanco y suave. A veces me gano su confianza y consigo cogerlos en brazos, pero apenas unos minutos. Sólo en una ocasión pude mimar a uno durante varios días; fue durante una temporada que pasé en un pueblo de Lugo; me enteré de que un corderito se había quedado huérfano y me ofrecí a alimentarlo a biberón. Quería poneros una foto que tengo con él en brazos mientras el peque, que entonces tenía dos años, nos mira sonriendo, pero no la tengo en formato digital.
Pero una cosa es el animalillo en sí y otra bien distinta lo que sugieren la palabra oveja y su colectivo. Así como mis hijos han aprendido o hecho suya la ternura que siento hacia estos animales, también han heredado o asimilado mi aversión a formar parte del rebaño y lo que ello implica. Es decir, que, como yo, son personas que se mojan y que dan la cara por los demás, aunque ello suponga salir del redil y tener que enfrentarse a un problema. Las satisfacciones más grandes que mis hijos me han hecho sentir lo han sido en esas ocasiones en las que he visto en ellos un gesto de valentía en este sentido.
También admiro a las personas que no se dejan llevar por la plácida corriente. Esta semana ha salido a la palestra una de esas personas, un juez de La Coruña. No sé cómo es profesional ni personalmente, pero se ha ganado mi respeto por haber contribuido con su pizca de insumisión y tenacidad, a darle una nota de color a esta sociedad cada vez mas aborregada y dada a tragar con estupideces impuestas.
El juez Antonio Fraga Mandián ejerce en La Coruña y se resiste a expresarse de forma incorrecta. Como redactaba sus escritos en español, utilizaba el topónimo de la ciudad en este idioma con su flamante artículo en femenino. Ante las iras de quienes se empeñan en someternos a su particular dictadura lingüística, optó por sustituir el nombre de la ciudad por el giro "en la ciudad sede de este tribunal", e incluso aseguran los impostores que se atrevió afirmar que usaba el topónimo oficial de La Coruña sin rubor. Total, que uno de los impositorres de lenguas, en este caso el señor Callón, montó en cólera y tras varios dimes y diretes envió por lo visto una nota a la prensa en la que instaba a investigar si había más normas legales que el juez vulneraba sin rubor, todo ello en un tono que el juez recibió como una insinuación de que era un juez corrupto. Don Antonio lo denunció por injurias y así llevan cuatro años intentado solventar la cuestión de juicio en juicio, algo que los de la imposición aprovechan para montar el respectivo sarao a las puertas del juzgado. Ayer se celebró otra vista y los seguidores de Callón tuvieron que ser explusados de la sala por la bronca que montaron. Callón había invitado al Conselleiro de Educación, a Don Valentín, el normalizador de la Xunta, y también al actual presidente de la RAG con quien, por cierto, ya se están peleando. Finalmente no había ninguna cara conocida ente el público, aparte de los cargos del BNG, entre los 30 fans calloneros que asistieron para apoyar y de paso montar el numerito. En los días previos habían ido calentando motores publicando en la prensa amiga acusaciones hacia el juez, en el sentido de que iba a ser un juicio mas o menos amañado, porque éstos, como el Conselleiro de Educación, son de la escuela de mantenella y no emmendalla aunque haya que insultar y ofender.
Don Antonio Fraga Mandián, desde aquí le digo: ¡Chapeau!. Le dicen a usted que este es un juicio contra el gallego, que Callón es un mártir acribillado por el españolismo por defender la lengua propia, y también que se sienta en el banquillo por defender la legalidad. Como bien ha dicho usted "se pretende hacer un debate sobre la lengua sobre lo que simplemente es una falta por injurias, las manifestaciones son de una enorme gravedad. Lo que dicen es que soy un juez corrupto; si eso no supone una ofensa grave para una persona que ejerce un cargo com el mío, no sé qué hay que hacer". También señala que lo que buscan es "normalizar el gallego en la Justicia para que se use mayoritariamente, y de paso hacerse publicidad" pero la clave está en estas palabras suyas "Los jueces tenemos la posibilidad de usar el gallego, pero no la obligación de hacerlo oral o por escrito". Y digo que ahí está la clave porque, si puede usar el castellano, habrá de hacerlo de forma correcta, sin mezclar palabras de dos idiomas. La Coruña es el topónimo en español y no hay poder público que tenga legitimidad para aprobar una ley que niegue esta evidencia sin caer en el ridículo, del mismo modo que sería de pazguatos obligar a un médico a decir que el hígado se encuentra alojado en la oreja.
Usar ese LA que quieren prohibir, al menos "oficialmente", es mucho más que un acto de corrección filológica, es decir NO a quienes quieren manipularnos, doblegarnos y volvernos memos de remate. Todo va en el mismo lote, la sumisión a los topónimos impuestos en una sola lengua es un paso más en la aceptación de esa imposición y de todas las demás, la que existe en la enseñanza, en las subvenciones condicionadas al uso de una lengua, o a la imposibilidad de ser atendido en una lengua oficial allí donde es oficial: en la Administración de Galicia. Supongo que el juez Mandián no habrá asistido hoy al cónclave que la Irmandade Xurídica Galega celebra en Vigo. Se trata de un grupo que celebra anualmente una especie de ritual aderezado con el lenguaje identitario de rigor. Aparentemente buscan la utilización del gallego en la Justicia pero todos sabemos que el nacionalismo empieza pidiendo el uso de la lengua materna en las escuelas y acaba prohibiendo la enseñanza en español.
La Coruña. Yo seguiré usando esas dos simples letras, que en cierto modo considero un símbolo de libertad, igual que la humilde oveja se ha convertido en el símbolo de lo que espero que mis hijos no sean nunca.
Usar ese LA que quieren prohibir, al menos "oficialmente", es mucho más que un acto de corrección filológica, es decir NO a quienes quieren manipularnos, doblegarnos y volvernos memos de remate. Todo va en el mismo lote, la sumisión a los topónimos impuestos en una sola lengua es un paso más en la aceptación de esa imposición y de todas las demás, la que existe en la enseñanza, en las subvenciones condicionadas al uso de una lengua, o a la imposibilidad de ser atendido en una lengua oficial allí donde es oficial: en la Administración de Galicia. Supongo que el juez Mandián no habrá asistido hoy al cónclave que la Irmandade Xurídica Galega celebra en Vigo. Se trata de un grupo que celebra anualmente una especie de ritual aderezado con el lenguaje identitario de rigor. Aparentemente buscan la utilización del gallego en la Justicia pero todos sabemos que el nacionalismo empieza pidiendo el uso de la lengua materna en las escuelas y acaba prohibiendo la enseñanza en español.
La Coruña. Yo seguiré usando esas dos simples letras, que en cierto modo considero un símbolo de libertad, igual que la humilde oveja se ha convertido en el símbolo de lo que espero que mis hijos no sean nunca.
Os pongo enlace a la notica hoy en La Voz, la única que ofrece el otro lado de la noticia, y también a un artículo que publicamos en el último número de nuestra revista. Lo escribió José Manuel y se titula "Lo confieso, soy un depurador de topónimos" Es un ilustrativo e ilustrado repaso por las tonterías de la eliminación de topónimos para alcanzar la santidad. Aquí os lo dejo por si queréis cargaros de argumentos contra una de las mayores estupideces de la normalización lingüística.
Feliz semana.
Jorquera acusa a algunos jueces de "sectarismo antigalego"en la vista de apelación contra el presidente de A Mesa
Lo confieso, soy un depurador de topónimos
Feliz semana.
Jorquera acusa a algunos jueces de "sectarismo antigalego"en la vista de apelación contra el presidente de A Mesa
Lo confieso, soy un depurador de topónimos








